domingo, 24 de agosto de 2025

TERCER PERÍODO, TEXTO 3: aPUNTES TOMADOS DE LOS NEGROIDES

 

3 PERÍODO TEXTO GUÍA 3

APUNTES TOMADOS DE LOS NEGROIDES DE FERNANDO GONÁLEZ 

I

“Vanidad significa carencia de sustancia; apariencia vacía… El papel moneda, por ejemplo, es una vanidad. Apariencia no respaldada, apariencia de nada, eso es vanidad.

“Llamamos vanidoso a un acto, cuando no es centrífugo, es decir, cuando no es manifestación de la individualidad. Por ejemplo, el estudiar, no por gana, no por instinto intimo, sino para ser tenido por estudioso.

“Acto de vanidad es el ejecutado para ser considerado socialmente. Aparentar es el fin del vanidoso.

“Vanidoso es quién obra, no por intima determinación, sino atendiendo a la consideración social.

“Vanidad es la ausencia de motivos íntimos, propios, y la hipertrofia del deseo de ser considerado”.

II

“La vanidad esta en razón inversa de la personalidad. Es social, o sea, no puede existir en el hombre solitario. Es simulación, hurto de cualidades”

III

“La vanidad está en razón inversa de la personalidad. Por eso a medida que uno medita, que uno se cultiva, disminuye.

“De esto resulta claro lo que he dicho a la juventud, en forma simbólica, en mis libros anteriores. La cultura consiste en desnudarse, en abandonar lo simulado, lo ajeno, lo que nos viene de afuera, y en auto-expresarse. Todo ser humano es un individuo, generalmente cubierto, que generalmente vive de opiniones ajenas. En Suramérica todos están en sueño letárgico; aquí nadie ha manifestado su individualidad, excepto Bolívar, Gómez y algún otro

“Oigan, pues, jóvenes estudioso, o mejor, juventud que brega en la meditación. El hombre es un espíritu, un complejo, que debe manifestarse, que debe consumir sus instintos en el espacio y el tiempo; apareció el hombre para manifestarse, para actuar según sus motivaciones. La vanidad impide todo eso; el vanidoso muere frustrado, y tendrá que repetir, pues vivió vidas, modos y pasiones ajenas, o mejor, no vivió”

IV

“Hemos agarrado ya a Suramérica: Vanidad. Copiadas instituciones, leyes y costumbres; la pedagogía, métodos y programas, copiados; copiadas todas las formas. Tienen vergüenza del carriel envigadeño y de la ruana…

“¿Qué me importa la moral y la ley, a mi, el predicador de la personalidad, de la auto-expresión, a mi que amo a Jesús y al diablo, a Bolívar y Gómez?...No amo sino a los honrados con su propia alma. No escribo para los sudamericanos que tienen un metro que les impusieron los frailes españoles; no escribo para los bogotanos (…) que nada han parido, que rezan como en Europa, legislan como en Europa y que orinan como en Europa.

“Yo, señores, fui el niño más suramericano. Crecí con los jesuitas; fui encarnación de inhibiciones y embolias; no fui nadie; vivía de lo ajeno: Vivía con los reverendos padres…De ahí que la protesta naciera en mí y que llegara a ser el predicador de la personalidad… he vivido desnudándome. Soy el predicador de la personalidad; por eso necesario a Suramérica…me encontré a mí mismo, el método emotivo, la teoría de la personalidad: cada uno viva su experiencia y consuma sus instintos. La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en auto-expresarnos.”

 V

“Lo importante, en la cultura, es que todas las manifestaciones manen directamente de la personalidad”

VI 

“¡Cuán impropia Europa, en sus doctrinas y sus instintos, costumbres y modos, para la América, en cuanto india! Está comprobado que el aborigen americano no puede sentir el cristianismo y su llamada civilización: Muere. Cada raza evoluciona a su modo, tiene su vida propia… ¿Por qué imponer formas, maneras que no estén acordes con la idiosincrasia racial? Es de observación corriente el hecho de que entre nuestros aborígenes es desconocido el adulterio y la prostitución, y que apenas los clérigos civilizadores los convierten y los casan católicamente, se prostituyen. ¿Por qué romperles el siquismo a los indios, burlándose de los nombres con que invocan al espíritu y de las imágenes en que lo adoran? ¿Qué arte, religión y ciencia puede brotar de nosotros, si humillaron a nuestros padres? Pues bien, nuestros gobiernos,…, siguen la prostitución de América, convirtiendo a los indios, por medio de eso que llaman misiones.

“Lo inteligente con nuestra raza indígena sería ayudarle a su desarrollo, instigar sus instintos creadores, sus formas religiosas y su arte. La obra verdadera esta en comprenderlos; pedagogo es quién comprende, no quién enseña letanías. En América podría haber originalidad en la cultura, aporte al haber común de la humanidad.

“¿Qué ha sucedido y qué sucede? Que todavía Europa, a través de nosotros, mulatos vanidosos, gobierna a Suramérica; que somos completamente vanos. Los instintos americanos no se han manifestado; nuestro pueblo está dormido en sueño de siglos.

“¿Las causas? El indio fue humillado por la civilización más fanática, la cristiana, y Suramérica, por los más rudos de Europa, los españoles. De suerte que nosotros, los libertos bolivarianos, mulatos y mestizos, somos vanidosos, a saber: creemos, vivimos la creencia de que lo Europeo es lo bueno; nos avergonzamos del indio y del negro; el suramericano tiene vergüenza de sus padres, de sus instintos. De ahí que todo lo tengamos torcido, como bregando por ocultarse, y que aparentemos las maneras europeas. Ayer estuve conversando con un señor de Bogotá, jefe político. (…) un verdadero hijo de puta. Hijo de puta es aquél que se avergüenza de lo suyo. Por aquí me han llamado grosero porque uso esta palabra, pero la causa está en que mis compatriotas son como el rey negro que se enojó por qué no lo habían pintado blanco

“Todo lo imitamos y nada es natural en nosotros. Un francés me decía: “¡Pero déme suramericanismo! Sería un triunfo si presentáramos en París lo suramericano…” Le contesté que lo suramericano era lo parisiense, pero prostituído. Que las rameras, todo el vicio parisiense, en el 80% era de Suramérica”

VII

“Detesto la vanidad, como lo habrá visto el lector; pero ya que mis compatriotas no han querido entender, les diré que el valor de mi obra está en la predica de la cultura, en la oposición a la inmigración, en la incitación a la originalidad”

XI 

“Que lea y observe mucho el joven; que viaje y mire; que se alimente. Pero a los veintiocho años debe recogerse y mirarse a sí mismo. A los veintiocho años no se debe leer sino meditar; en esos años llega el deber de la originalidad, de la auto-expresión.

“En Suramérica permanecen los hombres siempre de lectores, siempre de viajeros. Tienen vergüenza de su propia alma; se quedan con los vestidos ajenos…

“¿No es de vulgar observación que en Suramérica se lee mucho, que saben un poco de todo, que son vivarachos, etc.?¿No está la explicación en lo que acabo de anotar? ¿No observan todos que a pesar de leer tanto y saber tanto, el suramericano nada crea? Pues muy fácil explicarlo: tiene vergüenza, simulan, leen, etc., porque están obligados por el coloniaje político, racial y literario, a considerarse como hijos de puta.

“Me enorgullezco de ser el primero que ha estudiado y analizado el complejo que he llamado hijo de puta. Aquí han dicho que uso palabras inmundas; lo que sucede es que estudio problemas nuevos, suramericanos.

 

TERCER PERÍODO, TEXTO 2: NUESTRA AMERÍCA

 

3 PERÍODO TEXTO GUÍA 2

NUESTRA AMERICA (José Martí)

TEXTO EDITADO

Cree  el  aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que el quede de alcalde, o  le mortifiquen al rival que le quito la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya  da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que lleven siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de las peleas de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido (s) engullendo  mundos. Lo que quede de aldea en América  ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, si no con las armas de almohada, como los varones de Juan  de Castellanos: las armas del juicio, que vencen las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

(…). Los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que  quieren los dos la misma tierra, o el  de casa chica, que le tiene envidia  al de la casa mejor, han de encajar,  de modo que sean una, las dos manos. (…). Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricia el capricho de la luz, o la tunda y tale las tempestades; ¡los arboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la  marcha unida, y hemos de andar el cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

LA LIBERTAD QUE SE CONQUISTA

A los sietemesinos solo les faltara el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de sietes meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza el árbol difícil  el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid y de Paris, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar el barco de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses a los madrileños, vayan al prado, de faroles, o vayan a trotona, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenza de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan porque llevan delantal indio, de la madre que los crio, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades, Pues, ¿quién es el hombre? ¿El que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de sus sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que no cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que habrá de salvarse con sus indios, y va  de menos a más,  estos desertores que piden fusil en los ejércitos de América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios y va de mas a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombre! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles” del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres”

Ni ¡en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras  repúblicas  dolorosas de América, levantada entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el criar, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apósteles! De  factores tan descompuestos, jamás en menos tiempo histórico, se han creados naciones tan  adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irredimible a su  república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir  por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que piden formas que se le acomoden y grandeza  útil,  si no en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes herederas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos,  de diecinueve siglos  de monarquía en Francia. Con una frase de sienes no se desestanca la sangre cuajada de raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay  que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que  ve como se gobierna el alemán o el francés, sino  el que sabe con qué elementos esta hecho su país, y como puede ir guiándolos en junto para llegar por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a que estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan de todos de la abundancia  que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan  con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha del país. El espíritu del gobierno ha  de ser del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Por eso  el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior,  mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la receptibilidad o le perjudica el interés. Por  esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición .Las repúblicas han purgado en las tiranías sus incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, deriva de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarían, por los hábitos de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cuantos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien;  pero si el gobierno les lastima, se lo sacude, y gobierne allá ¿Cómo  han de salir de las universidades los gobernantes, si  no hay universidad en América donde enseñen lo fundamental del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo,  con antiparras yankees o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no  conocen. En la carrea de la política debería negársele la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes  no ha ser para la mejor  oda, si no para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, - sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le falto, que crese en la negligencia, y derriba lo que se levante sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte. Y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se le administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de liberarlo de   tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad Americana. La historia de América, de los Incas acá, a de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no  es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos.Injertese en nuestras replublicas.Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.

El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón:

-la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de irnos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.

Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el   sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores (…). La colonia continua viviendo en la república: y  nuestra América se está salvando de sus grandes  erros -  de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y formulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen – por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia.

Pero “estos países se salvaran”, como anuncio Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempo crudos; al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, por que se enoja y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos países se salvaran por que, con el genio de la moderación que parece  imperar, por  la armonía serena de la naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura critica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanto y falansterio en que se empapó la generación anterior, - le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre Real.

Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a  bautizar a sus hijos.

(…). El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego el triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo. Ni el libro yankee, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados de odio inútil, - de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, - - se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Como somos?”  Se preguntan; y unos a otros se van diciendo como son. Cuando aparece en Colimar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig.Las levitas son todavía de Fancia, pero el pensamiento empieza a ser de America.Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y  la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que  la salvación está en crear, Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. (…).Estrategia es política. El pueblo ha de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho hay una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar a la América coagulada! Echar, bullendo y rebotando, por las venas, ¡la sangre natural del país! En pie,  con los ojos alegres de los trabajadores, se saluda, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza. Leen para implicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.

De todos sus peligros se va salvando América sobre algunas repúblicas, está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie al mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez  pescaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pompa de jabón: el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano, y abre la puerta al extranjero. Otras  acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras creían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devolverlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de si, si no de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en  que se le acerquen, demandando relaciones intimas,  un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la  desdeña. Y como los pueblos viriles, que  se han hecho de si propuso, con la escopeta  la ley, aman, y solo aman,  a los pueblos viriles; - como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso sea libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus mesas vengativas y sórdidas, la traición de conquista y el interés de un caudillo hábil,  no esta tan cercana aún a los ojos del mas espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta,  con que  se la pudiera encarar y desviarla;-como su decoro de república pone América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parecida de nuestra  América, - el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada solo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas,- y las de las venas que nos dejaron picadas nuestro dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra a América; y urge por que el día de la visita esta próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner ella la codicia. Por el respecto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a  lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien las azuza a oídos inútiles;  y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

 

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano la justicia de la naturaleza, en donde resalta el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad, el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos de ideas y hábitos, de ensanches y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un periodo de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia a un mal seguro, a los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas: ni se han de esconder  los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz  de los siglos, con el estudio oportuno, -y la unión tácita y urgente del alma continental. Porque ya suena el himno unánime; la generación real lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora: del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semi, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, ¡la semilla de la América nueva!

 

 

 

 

 

TERCER PERÍODO: TEXTO 1. IMITACIÓN Y ORIGINALIDAD

 3 PERÍODO TEXTO GUÍA I. FILOSOFÍA

 

IMITACION  Y  ORIGINALIDAD

EN LA LITERATURA HISPANOAMERICANA

Culpa el señor Ugarte de falta de originalidad a nuestra literatura de otros tiempos; y aunque reconoce que la

 Imitación persiste y debe forzosamente persistir como fundamento de nuestra actividad literaria, establece una diferencia, fundada en que la imitación era antes lo que él llama “directa” queriendo significar que ceñía dócilmente al modelo, mientras que hoy es lo que llama “aplicada”, en el sentido de que envuelve interpretación, adaptación y relativa originalidad.

   A detengámonos a considerar estos puntos. Es indudable que, dejando aparte superioridades de excepción; el pensamiento hispanoamericano no ha podido ni puede aspirar aun a una autonomía literaria que lo habilite a prescindir de la influencia europea. No siendo literatura una forma vana, ni un entretenimiento de retóricos, si no un órgano de la vida civilizada, solo cabe literatura propia donde colectivamente hay cultura propia, carácter social definido, personalidad nacional constituida y enérgica. La dirección, el magisterio del pensamiento europeo es, pues, condición ineludible de nuestra cultura; y pretende rechazarlo por salvar nuestra originalidad seria como si, para aislarnos de la atmosfera que nos envuelve, nos propusiéramos vivir en el vacio de una maquina neumática. Pero si la independencia y la originalidad literaria americanas no pueden consistir en aplicar a esta influencia el discernimiento, la elección, que clasifique los elementos de ella según su relativa adecuación l ambiente, y rechace lo fundamentalmente inadaptable, y modifique, con arreglo a las condiciones del medio, aquello que deba admitirse y adaptarse. Así, el joven estudiante no debe, ni puede sin desventaja, prescindir del maestro; Pero la enseñanza del maestro no es, para el estudiante capaz de reflexión propia, yugo brutal ni imposición dogmatica, sino sugestión  que excita la virtualidad del pensamiento que la recibe, y estimula, lejos de ahogarlo, el instinto de originalidad.. Concebida de esta manera la posible  autonomía del pensamiento americano fácil es señalar el punto vulnerable de la imitación de lo europeo, tal como se manifiesta en los rumbos que sucesivamente ha seguido nuestra literatura. Se ha imitado sin  discernimiento  ni elección; ha faltado el sentido crítico que encauzase el impulso recibido de afuera, y la imitación ha sido pasividad sonambulica, mas que simpatía consciente y limitada por el vigilante criterio.

Este carácter, o mejor, esta ausencia de carácter, se observa, desde luego, en la  obra de las generaciones que nos han precedido, y en esto acierta la crítica del señor Ugarte. Tomemos como ejemplo la época del romantisismo.Aquella revolución literaria traía consigo un impulso favorable a la germinación de todo elemento de originalidad y de carácter indígena. Propensión congenial al romanticismo fue suscitar en todas partes una reanimación del espíritu de nacionalidad literaria, sustituyendo la abstracta uniformidad del seudoclasicismo con la expresión de la sociedad, La naturaleza y las tradiciones peculiares de cada pueblo. pero si esta tendencia del romanticismo repercutió provechosamente en nuestra América, inspirando los primeros esfuerzo consagrados a fundar una literatura que reflejase las peculiaridades de la naturaleza y las costumbres propias, la imitación romántica estuvo lejos de limitarse, ni a un de aplicarse preferentemente, a esa tarea oportuna. La  imitación se disipo, en gran parte, en otras cosas. Una mitad del romanticismo europeo significaba le  reivindicación de las tradiciones históricas y artísticas anteriores al Renacimiento; y a pesar de que estas tradiciones no podían tener, en los pueblos jóvenes de América, sentido que interesase a la conciencia colectiva, el romanticismo tradicional y arqueológico hallo aquí imitadores, y sugirió poemas caballerescos, drama de trovadores y cruzados, leyendas orientales: evocaciones falsas de recuerdos que no correspondían, en el suelo americano, ni a una piedra ruinosa a un latido del sentimiento popular. Algo semejante cabe decir en lo que se refiere a la otra mitad del espíritu romántico: la subjetiva o byroniana. Los doloridos apasionamientos, las intimas contradicciones, las hondas nostalgias ideales de este género de romanticismos bien tenia, sin duda, un fondo humano que lo hacía capaces de trascender adondequiera que se sintiese y meditase sobre el misterio de las cosas y sobre los problemas de nuestro destino, obedecían, en la propia Europa un convencionalismo o un amaneramiento, debían serlo con doble motivo en sociedades donde el ambiente no daba de sí las razones históricas, del medio y del momento, que concurrían en las sociedades europeas, a explicar a aquella atormentada agitación de los espíritus. Y por lo que respecta al elemento literario formal, a la imitación no fue más atinada. El romanticismo, en cuanto quebranto los moldes de una preceptiva artificial y vetusta; en cuanto favorecía un libre arranque de la inspiración y en canchaba los límites del vocabulario poético, ofrecía, ciertamente, ejemplos y enseñanzas  favorables al florecimiento de una literatura americana diferenciada y eficaz; pero este impulso de reacción contra el dogmatismo retorico tenía en América, más que en ninguna otra parte, peligro y desventajas que no supieron conjurarse, porque halagaban muchas de las propensiones mas funestas y arraigadas de nuestro espíritu: la propensión a la negligencia, al desaliño, a la falsa espontaneidad, a la abundancia viciosa; el desconocimiento o menosprecio de la parte consciente y reflexiva del arte; el crédito de la facilidad repentista; el desamor de ese ideal de perfección, único capaz de engendrar la obra que dura.

Pasó el auge universal de aquella escuela, y sobrevivió al imperio del naturalismo. En lo que tenia de fundamental y amplio, el naturalismo comprendía elementos que, bien asimilados, no hubieran si no podido favorecer en América la manifestación de un espíritu literario original y vigoroso. La tendencia a ceñirse  a la realidad viva y concreta es vía  mas segura para llegar a una originalidad de pueblo y de época, como la de ceñirse  a la expresión sincera y simple de lo que se siente es el más seguro camino para alcanzar la originalidad individual. La  importancia concedida a la representación del mundo objetivo, el predominio literario de la descripción, favorecía una de las aplicaciones del arte de escribir capaces de brindar en América más ricos vinieron de originalidad, como es la pintura y el sentimiento de la naturaleza física. La precisión minuciosa en la reproducción de costumbres y tipos contribuía a revelar el sello local de poema y al novela. La  reivindicación de la pítica virtualidad de la vida contra todo quimérico idealismo, coincidía con la tendencia natural en pueblos jóvenes y testigos de una fecundidad magnifica y potente. La franqueza, y aun la vulgaridad pintoresca, de la expresión, autorizaban a que se diese curso en el lenguaje literario a las peculiaridades del habla regional.

Pero, ni la protesta naturalista se limitaba originalmente a esos elementos para siempre justos y oportunos, ni, tampoco esta vez, la imitación supo proceder en América con libertad y firme criterio. Propendiendo, como sucede en toda imitación servial y fascinada, a violentar las cosas a recargar las tintas, a ir a lo extremo del original y ceder a la impresión  de lo caricaturesco más que de lo característico, nuestros naturalistas tomaron de preferencia en sus modelos lo que, siendo en estos mismo convencional y vicioso; resultaba tanto más falso en América cuanto que se opina a los caracteres que , por recto naturalismo, por directa sugestión de la naturaleza, deben forzosamente prevalecer en toda literatura que brote sin esfuerzo del espíritu de nuestros pueblos. Así el pesimismo agrio, desesperanzado hastiado que, como idea dominante, no tenia natural acomodo en el ambiente de tierras prometidas al porvenir, rebosantes de vida y energía. Así, la predicción por la reproducción artística de lo feo, rasgo de decadencia que carecía de sentido aceptable dentro de una cultura literaria en sus albores. Así, la sensualidad no espontanea, vigorosa y ferviente, si no artificiosa, alambicada y senil; sensusalidad de cálculo antes que de instinto.

Innegable es, pues, el fundamento con que ese califica de falso el concepto o procedimiento de inmediato que guion en anteriores épocas a nuestros escritores.Pero ¿la comparación con lo actual manifiesta una diferencia que autorice a dividir en dos partes la historia de nuestra cultura? ¿Cabe afirmar, como afirma el señor Ugarte, que, a partir de la obra de las generaciones jóvenes, la imitación de lo europeo haya dejado de ser remedo inconsulto y sumiso para trocarse en atinada y consciente adaptación? ¿Imitan nuestros “modernistas” con criterio más cercano de la originalidad de nuestros realistas y nuestros románticos?

Mucho me he extendido ya para entrar al examen de la cuestión que planteo; pero no tengo dificultad en dejar consignada la respuesta que sería el resultado del examen; y ella es que, muy a mi pesar, no alcanzo a percibir la diferencia con la que el señor Ugarte halaga nuestro amor propio colectivo; que no veo que hoy (salvo excepciones individuales que han existido siempre) se imite con mas personalidad y mas conciencia de lo oportuno y adaptable, que cuando se limitaba a los profetas del romanticismo y a los maestros del naturalismo.

En conclusión, esta antología de la nueva literatura americana no está a la altura de su objeto ni de lo que era lícito esperar del colector. Pese al señor Ugarte por encima de esta obra improvisada y precaria, y denos, puesto que es capaz de dárnosla, la verdadera antología americana de nuestro tiempo; la obra de síntesis que serbia de guía fiel a quien formar idea de nuestro espíritu, o la obra de selección donde se congregue lo poco, lo muy poco, que, literalmente, tenemos digno de ser mostrado sin rubor y de asociarse a esperanza y presagios triunfales, de que esta vez me parece el señor Ugarte demasiado prodigo.