3 PERÍODO TEXTO GUÍA 2
NUESTRA AMERICA (José Martí)
TEXTO EDITADO
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su
aldea, y con tal que el quede de alcalde, o
le mortifiquen al rival que le quito la novia, o le crezcan en la
alcancía los ahorros, ya da por bueno el
orden universal, sin saber de los gigantes que lleven siete leguas en las botas
y le pueden poner la bota encima, ni de las peleas de los cometas en el cielo,
que van por el aire dormido (s) engullendo
mundos. Lo que quede de aldea en América
ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la
cabeza, si no con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen
las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
(…). Los
pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van
a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de la casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. (…). Las
deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto la bofetada. Ya no
podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de
flor, restallando o zumbando, según la acaricia el capricho de la luz, o la
tunda y tale las tempestades; ¡los arboles se han de poner en fila, para que no
pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar el cuadro
apretado, como la plata en las raíces de los Andes.
LA LIBERTAD QUE SE CONQUISTA
A los
sietemesinos solo les faltara el valor. Los que no tienen fe en su tierra son
hombres de sietes meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los
demás. No les alcanza el árbol difícil
el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid
y de Paris, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar el barco
de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si
son parisienses a los madrileños, vayan al prado, de faroles, o vayan a trotona,
de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenza de que su padre sea
carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan porque llevan
delantal indio, de la madre que los crio, y reniegan, bribones, de la madre enferma,
y la dejan sola en el lecho de las enfermedades, Pues, ¿quién es el hombre? ¿El
que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar
donde no la vean, y vive de sus sustento en las tierras podridas, con el gusano
de corbata, maldiciendo del seno que no cargó, paseando el letrero de traidor
en la espalda de la casca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que habrá
de salvarse con sus indios, y va de
menos a más, estos desertores que piden
fusil en los ejércitos de América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios y
va de mas a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el
trabajo de hombre! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir
con los ingleses, en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos
“increíbles” del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los
increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las
erres”
Ni ¡en
qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas
dolorosas de América, levantada entre las masas mudas de indios, al
ruido de pelea del libro con el criar, sobre los brazos sangrientos de un
centenar de apósteles! De factores tan
descompuestos, jamás en menos tiempo histórico, se han creados naciones
tan adelantadas y compactas. Cree el
soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque pluma fácil
o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irredimible a su república nativa, porque no le dan sus selvas
nuevas modo continuo de ir por el mundo
de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La
incapacidad no está en el país naciente, que piden formas que se le acomoden y
grandeza útil, si no en los que quieren regir pueblos
originales, de composición singular y violenta, con leyes herederas de cuatro
siglos de práctica libre en los Estados Unidos,
de diecinueve siglos de monarquía
en Francia. Con una frase de sienes no se desestanca la sangre cuajada de raza india.
A lo que es, allí donde se gobierna, hay
que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el
que ve como se gobierna el alemán o el
francés, sino el que sabe con qué
elementos esta hecho su país, y como puede ir guiándolos en junto para llegar
por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a que estado apetecible
donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan de todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el
pueblo que fecundan con su trabajo y
defienden con sus vidas. El gobierno ha del país. El espíritu del gobierno
ha de ser del país. El gobierno no es más
que el equilibrio de los elementos naturales del país.
Por
eso el libro importado ha sido vencido
en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los
letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No
hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición
y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia
superior, mientras esta no se vale de su
sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no
perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien
le hiere la receptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales
desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto
les hicieron traición .Las repúblicas han purgado en las tiranías sus
incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, deriva de ellos la
forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere
decir creador.
En
pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarían,
por los hábitos de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los
cuantos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida
en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno les lastima, se lo
sacude, y gobierne allá ¿Cómo han de
salir de las universidades los gobernantes, si
no hay universidad en América donde enseñen lo fundamental del arte del
gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América?
A adivinar salen los jóvenes al mundo,
con antiparras yankees o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que
no conocen. En la carrea de la política
debería negársele la entrada a los que desconocen los rudimentos de la
política. El premio de los certámenes no
ha ser para la mejor oda, si no para el
mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra,
en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del
país. Conocerlos basta, - sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado,
por voluntad olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que
le falto, que crese en la negligencia, y derriba lo que se levante sin ella.
Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que
resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y
fuerte. Y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se le
administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es
resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único
modo de liberarlo de tiranías. La
universidad europea ha de ceder a la universidad Americana. La historia de América,
de los Incas acá, a de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los
arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los
políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos.Injertese en
nuestras replublicas.Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda
tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.
El
continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho
del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los
ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base
la razón:
-la
razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de irnos
sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el
cambio de formas, sino el cambio de espíritu.
Con
los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de
mando de los opresores (…). La colonia continua viviendo en la república:
y nuestra América se está salvando de
sus grandes erros - de la soberbia de las ciudades capitales, del
triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las
ideas y formulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen –
por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha
contra la colonia.
Pero “estos
países se salvaran”, como anuncio Rivadavia el argentino, el que pecó de finura
en tiempo crudos; al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó
con lanzón se puede echar el lanzón atrás, por que se enoja y se pone en la
puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos
países se salvaran por que, con el genio de la moderación que parece imperar, por
la armonía serena de la naturaleza, en el continente de la luz, y por el
influjo de la lectura critica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanto y
falansterio en que se empapó la generación anterior, - le está naciendo a América,
en estos tiempos reales, el hombre Real.
Éramos una visión, con
el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara,
con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica
y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al
monte, a la cumbre del monte, a bautizar
a sus hijos.
(…). El
pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego el triunfo, los
bastones de oro. Ni el libro europeo. Ni el libro yankee, daban la clave del
enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a
menos. Cansados de odio inútil, - de la resistencia del libro contra la lanza,
de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible
de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte,
- - se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los
pueblos, y se saludan. “¿Como somos?” Se
preguntan; y unos a otros se van diciendo como son. Cuando aparece en Colimar
un problema, no van a buscar la solución a Dantzig.Las levitas son todavía de
Fancia, pero el pensamiento empieza a ser de America.Los jóvenes de América se
ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor.
Entienden que se imita demasiado, y que
la salvación está en crear, Crear es la palabra de pase de esta
generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende
que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos
naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de
ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera
y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos,
muere la república. (…).Estrategia es política. El pueblo ha de vivir
criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho hay una
sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el
fuego del corazón deshelar a la América coagulada! Echar, bullendo y rebotando,
por las venas, ¡la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se
saluda, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los
estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza. Leen para implicar,
pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes.
Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres
nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta
la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa,
centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas
de indios, aprenden indio.
De todos
sus peligros se va salvando América sobre algunas repúblicas, está durmiendo el
pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie al mar, a recobrar, con
prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez pescaba en un coche de mulas, ponen coche de
viento y de cochero a una pompa de jabón: el lujo venenoso, enemigo de la
libertad, pudre al hombre liviano, y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la
independencia amenazada, el carácter viril. Otras creían, en la guerra rapaz
contra el vecino, la soldadesca que puede devolverlas. Pero otro peligro corre,
acaso, nuestra América, que no le viene de si, si no de la diferencia de
orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la
hora próxima en que se le acerquen,
demandando relaciones intimas, un pueblo
emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de si propuso, con la escopeta la ley, aman, y solo aman, a los pueblos viriles; - como la hora del
desenfreno y la ambición, de que acaso sea libre, por el predominio de lo más
puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus mesas
vengativas y sórdidas, la traición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no esta tan cercana aún a los ojos del mas
espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que
se la pudiera encarar y desviarla;-como su decoro de república pone América
del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de
quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parecida
de nuestra América, - el deber urgente
de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz
de un pasado sofocante, manchada solo con la sangre de abono que arranca a las
manos la pelea con las ruinas,- y las de las venas que nos dejaron picadas
nuestro dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el
peligro mayor de nuestra a América; y urge por que el día de la visita esta
próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe.
Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner ella la codicia. Por el respecto,
luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo
mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca
sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota
para quien las azuza a oídos inútiles; y
otra para quien no les dice a tiempo la verdad.
No hay
odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de
lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y
el observador cordial buscan en vano la justicia de la naturaleza, en donde
resalta el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del
hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color.
Peca contra la Humanidad, el que fomente y propague la oposición y el odio de las
razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros
pueblos diversos, caracteres peculiares y activos de ideas y hábitos, de
ensanches y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de
preocupaciones nacionales pudieran, en un periodo de desorden interno o de
precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para
las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas
e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una
maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro
idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras
políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres
biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia a un mal seguro, a
los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las
repúblicas: ni se han de esconder los
datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno, -y la
unión tácita y urgente del alma continental. Porque ya suena el himno unánime;
la generación real lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres
sublimes, la América trabajadora: del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo
del cóndor, regó el Gran Semi, por las naciones románticas del continente y por
las islas dolorosas del mar, ¡la semilla de la América nueva!