martes, 12 de mayo de 2026

SEGUNDO PERÍODO- GRADO 11- EXPOSICIÓN 7- 2026- EXISTENCIALISMO - PERSONALISMO

 

GRADO 11 - SEGUNDO PERÍODO EXPOSICIÓN 7

EXISTENCIALISMO.

Como movimiento filosófico, el existencialismo se desarrolló en Europa, primero en Alemania y luego en Francia, a consecuencia de la tremenda crisis provocada por las dos guerras mundiales. El mundo dejó de ser un lugar apacible y el proyecto ilustrado de una humanidad que conquistaría la justicia y el bienestar social con la sola fuerza de la razón, fracasó por completo. Ni siquiera la ciencia o la técnica se mostraban útiles para mejorar el mundo. El hombre convertía en instrumento de dominio o devastación todos los saberes. Este movimiento fue poco sistemático y muy heterogéneo, los existencialistas respiran una atmósfera común de pesadumbre y desasosiego. Se sienten arrojados a un mundo que ya no ofrece seguridades, sino catástrofes. Para los existencialistas el hombre es una realidad completa inacabada, con conciencia y libertad, cuyo destino es hacerse y realizarse en medio de múltiples contradicciones de su propia vivencia, lo que le engendra la incertidumbre y la angustia frente al absurdo, al fracaso, lo misterioso y lo inexplicable. Este pesimismo común no hace más fácil la tarea de determinar que autores pueden ser incluidos en este movimiento; sin embargo, se considera como los máximos representantes a:

1 S. KIERKEGAARD (1813-1855)

Nació en 1813 en Copenhague (Dinamarca). Estudió filosofía y teología en Dinamarca y Alemania. Filósofo protestante de la religión que influyó en el movimiento de renovación teológica y filosófica después de 1918.

El punto de partida y la meta de las preocupaciones kierkegaardianas es el yo como ser individual. Creía que de nada sirve a los hombres querer determinar primero lo exterior y luego el elemento constitutivo. Se debe, en primer lugar, aprender a conocerse a sí mismo antes de conocer otra cosa. El yo debe entenderse como relación consigo mismo, el yo es autorrelación. Esta concepción del yo como autorrelación en Kierkegaard, ha de convertirse, después de él, en patrimonio común de todos los existencialistas, pues esta autorrelación constituye la esencia del yo y es interna, concreta, recíproca y viviente. Un examen más profundo de los datos de la conciencia lleva a Kierkegaard a la afirmación de que Dios sostiene y fundamenta el yo. De esta manera la autorrelación del yo se completa en su relación a Dios.     

En la concepción kierkegaardiana, yo y pecado se identifican pues este filósofo dice, que sólo se puede estar delante de Dios con la conciencia del pecado. Así el hombre por el pecado deviene un yo existente, auto relacionándose y colocándose delante de Dios. Los dos temas que más sobresalen en su pensamiento son:

-La angustia. A este tema Kierkegaard dedica una de sus dos obras, en la cual se propuso abordar el concepto de la angustia psicológicamente, pero teniendo en mente y a la vista el dogma del pecado original. Para explicar el pecado de Adán tiene en cuenta dos ingredientes: la prohibición hecha por Dios de no comer del árbol de la ciencia, y la actuación del tentador, es decir, el demonio en forma de serpiente según el pasaje bíblico. Al respecto, la prohibición es puesta por Adán mismo. El yo es una relación consigo mismo. La conciencia de Adán, como la de todo hombre, es dual: una parte de la conciencia pronuncia y la otra recibe la prohibición. También debe ser suprimido el tentador, para lo cual Kierkegaard se apoya en un pasaje bíblico del Apóstol Santiago, en el que plantea que Dios no tienta a nadie ni es tentado por nadie, sino que cada uno es tentado por sí mismo. Es aquí entonces donde, al suprimir al tentador, aparece la angustia. La cual tiene el poder fascinador que otros atribuyen a la astuta serpiente; y en medio de la angustia surge el pecado. El yo se ha destacado sobre su naturalidad, se ha existencializado. 

-El hombre. En el campo antropológico Kierkegaard planteó que el hombre no alcanza su realización progresiva, ya que en el yo se dan riesgos y saltos. Propone tres estadios que, según él, ocurren en la vida del hombre: Uno, el estadio estético: el cuál es el momento del placer escurridizo en la búsqueda desesperada del hedonismo, es el constante presente superficial que no posee ningún vínculo con lo trascendente. Dos, el estadio ético: es cuando se vive de acuerdo a los principios morales, ordenando la actividad y conducta con base en el deber. El deber es para el individuo práctico el imperativo general al cual se debe ser obediente. Tres, el estadio religioso: constituido por la paradoja de la fe, al mismo tiempo esta paradoja es un escándalo ético, ya que es detener la razón y la ética para apoyarse simplemente en la fe. El acercamiento a Dios lo posibilita la angustia, de la cual se sale por la fe en él.

Sus obras principales son: El Concepto de la Angustia (1844), Estudios en el camino de la vida (1845), Temor y temblor (1846), La era actual (1846) y La enfermedad mortal (1849).

2 M. HEIDEGGER (1889-1976).

Nació en Messkirch, Alemania. Estudió en la Universidad de Friburgo, donde se doctoró y de la cual fue luego profesor. También ejerció la docencia en la Universidad de Marburgo. En su recorrido pareció adherirse al nacionalsocialismo, pero más tarde se retiró y se dedicó solo a la enseñanza. Se sabe, además, que ingresó de novicio a la comunidad de los jesuitas y unos meses más tarde se retiró para ingresar al seminario de su ciudad, allí tampoco permaneció porque tuvo que ir a la guerra.

Heidegger se propone comprender el ser mediante una analítica existencial o análisis fenomenológico. Para ello mostró como el desarrollo del pensamiento, desde platón a Nietzsche, se fundamentó en un olvido fatal, un olvido que ocultó el ser a favor de los entes (los que eran). Por eso consideró al ser como algo fundamental de toda actividad filosófica. En este sentido se plantea delimitar con precisión los ámbitos del ser y el ente, pues consideraba que estos conceptos no eran la misma cosa. El ente, constituía lo que es, mientras que el ser consistía en el hecho de que cualquier ente dado sea. De lo cual se puede deducir que la determinación del ente no podía aplicarse al ser y que el ser era previó a los entes. La siguiente cita del autor permite aclarar este problema: “Para plantear de manera explícita, en toda su transparencia, el problema del ser, entonces [...] es necesario poner en claro las maneras de penetrar en el ser, de comprender y de poseer conceptualmente su sentido, como (...) la posibilidad de una correcta elección del ente ejemplar y la indicación de la auténtica vía de acceso a dicho ente.

Penetración, comprensión, dilucidación, elección y acceso son momentos constitutivos del buscar y, al mismo tiempo, modos de ser de un ente determinado, precisamente de aquel ente que ya somos, nosotros, los que buscamos.” Heidegger identificó al ser con la permanencia y la eternidad, en oposición al carácter efímero y cambiante del ente. Este problema lo desarrolló más ampliamente con los siguientes conceptos:

-El Sein. Éste es el ser, o sea, los entes que no tienen conciencia de sí, que no pueden interrogarse acerca de sí, o sea, los seres a la mano, como los llama.

-El Dasein. Es “el ser ahí”, es el hombre o la existencia humana, el que se pregunta por el ser, por su existencia. Heidegger lo explica mediante tres elementos: el ser que existe en el mundo es el Dasein, el ente concreto, el cual es el hombre. El Dasein se relaciona con el mundo de una forma especial porque comprende su existencia, el Sein no sabe que existe el mundo para él. El Dasein no existe ni aislado ni independientemente, sino que existe inmerso en el mundo con los demás seres.

Se remarca el existencialismo de Heidegger cuando afronta el problema del ser con los otros, a lo que señala como el segundo motivo existencial, a los otros se considera como un yo en objetos, como seres en la mano.

 Heidegger dice que el hombre es un ser para la muerte, que ha sido arrojado al mundo “para en él morar e ir muriendo”, ya que la muerte es lo único seguro que cabe esperar al hombre, afirma que la totalidad existencial, con la muerte, llega a su fin, lo que lleva a la angustia como condición estructural de la existencia.

Entre sus principales obras están: El ser y el tiempo (1927), Kant y el problema de la metafísica (1929), ¿Qué es la metafísica? (1930), Cartas sobre el humanismo (1947) y Nietzsche (1960).

3 J. P. SARTRE (1905-1980)

Nació en Paris.  Es el principal representante del existencialismo del siglo XX. Autor de muchas novelas y obras de teatro, pensador de la acción política. Fue profesor hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, luego estuvo en los campos de concentración alemanes y, al ser liberado, se volvió a dedicar a la docencia. En 1945 fundó una revista que llevaba por título “Los Tiempos Modernos”, y desde entonces se dedicó a la actividad literaria.

Sartre ofreció una versión francesa de la doctrina de Heidegger y definió el existencialismo como “un intento de extraer todas las consecuencias de una posición atea coherente”.

Fue el primero en dar al término existencialismo un uso masivo al utilizarlo para identificar su propia filosofía y ser el representante de un movimiento diferente en Francia, que fue influyente a escala internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Su filosofía es atea y pesimista de una forma explícita, declaró que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas, pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la existencia de los hombres es “pasión inútil”. No obstante, insiste en que el existencialismo es una forma de humanismo y resalta la libertad, la elección y la responsabilidad humana. Con un gran refinamiento literario intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la historia.

Sartre hace una distinción en el campo ontológico entre el en-sí y el para-sí, lo que permite hacer una diferenciación entre el hombre y el mundo.

El “en sí” viene a ser lo que es y carece de toda relación, es una masa indiferenciada, una entidad opacada y compacta. Es el mismo mundo.

El “para sí” es el hombre, la conciencia, la cual está en el mundo, en el ser en sí pero totalmente diferente a él. Él para sí es totalmente libre y está condenado a permanecer en la condición de libertad.

A Sartre le llaman la atención los conflictos y vicisitudes donde se pueden destacar los rasgos de la naturaleza humana; estos tipos de vida son los de la homosexualidad, la drogadicción, los condenados a la pena de muerte, entre otros. Ve al hombre como un proyecto que se vive subjetivamente y nada existe previo a dicho proyecto, afirma que no hay valores ni eternos ni fijos; no hay normas establecidas de una vez para siempre, sino que el hombre debe regirlas de acuerdo con sus convicciones personales. Para él, son absurdos y contradictorios los conceptos de Dios y de creación, al igual que el ser en sí y el ser para sí es radicalmente distinto y no tienen ninguna vinculación. Dios según él, no existe y por tanto las cosas del mundo son contingentes, y ningún valor es superior a otro; así las cosas, carecen de sentido y de fundamento y lo que el hombre hace por encontrarles sentido es algo vano, pues el hombre es “una pasión inútil”.

En cuanto al sentido de la libertad en Sartre, el hombre está condenado a ser libre: el hombre es absolutamente libre. Pero esta libertad no es un don, sino que el hombre se encuentra condenado porque para que la libertad sea plena libertad, no puede haber nada enfrentado normativamente al hombre, ni fe en Dios, ni verdades, ni valores. El hombre este solitario y sin acercamiento en un mundo hostil, sin otra salida que así mismo, su propio proyecto. 

Sartre creó una obra muy extensa y variada, en la cual se encuentran tratados de filosofía, novela y teatro. Entre sus principales obras filosóficas están: El ser y la nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1946) y Crítica de la razón dialéctica (1960). Entre sus obras teatrales pueden destacarse Las moscas (1943) y A puerta cerrada (1944). De igual modo se pueden resaltar: su novela La nausea (1938), la serie narrativa Los caminos de la libertad (1945-1949) y su autobiografía titulada Las palabras (1964).

 

PERSONALISMO

Es una corriente filosófica que postuló el supremo valor de la persona por encima del individuo. Dicha distinción permitirá no confundir estas dos expresiones, que en la vida cotidiana se usan indistintamente. El individuo es un ser indivisible que no presenta características propias que lo definan y, por tanto, un ser anónimo como podría ser un número de cuenta; mientras la persona es un ser espiritual, con valores y cualidades propias e intransferibles. La individualidad es mecánica, material e intercambiable. Así, por ejemplo, si Javier muere, otro hombre vendrá a sustituirlo. En el caso de una persona, no es lo mismo. La pérdida de una persona, de un amor, de una amistad, es irreparables. La persona es así la totalidad del ser humano concreto y vivo: material, espiritual, apasionado, virtuoso, pecador, caracterizado por tendencias propias e insustituible. En síntesis, se puede decir que las principales características del ser persona, se resumen en no ser un mero objeto, sino que su libertad, su creatividad y su responsabilidad son fundamentales para definirlo. La persona es un ser encarnado, situado en un cuerpo, situado en la historia y constitutivamente comunitario. A continuación, se expondrá, sintéticamente, el pensamiento de sus principales representantes.

J. MARITAIN (1882-1973)

Representante de la escolástica, retoma el pensamiento tomista y establece una metafísica cristiana para rebatir los errores del idealismo moderno. Según él, el hombre es una persona, no un individuo aislado; está vinculado a Dios, y orientándose hacia Él realiza la expansión de todas sus posibilidades. Sólo a través del personalismo cristiano se conseguirá la ampliación del campo del saber, integrando ciencia, filosofía y sabiduría. Las obras más influyentes son: Para una filosofía de la persona humana y Metafísica de Bergson.

2 E. MOUNIER (1905-1950)

Para comprender la filosofía de Mounier y, por ende, el personalismo, es necesario compararlo con otras dos grandes corrientes contemporáneas, el marxismo y el existencialismo, así como con el individualismo propio de la sociedad moderna, ante las cuales mostró sus distancias y posiciones. La defensa de la persona lo lleva a combatir, en primer lugar, el individualismo, el cual se le presenta como una tendencia que fomenta el egoísmo y el consumismo, la ambición y la despersonalización del hombre en aras del mero bienestar y el desmedido afán de riquezas. Según él, el individualismo es el peor enemigo del personalismo. Ante el individualismo recalcitrante, el personalismo reivindica a la persona como fuente de valores humanos, partiendo de una relación comunitaria en la que las demás personas no representan un límite o un obstáculo. Para Mounier, la persona no se halla encerrada en sí misma, sino que está vinculada a la conciencia, la cual es apertura a las demás conciencias, y por ello comunicación con ellas.  Según este pensador la persona es dominio, elección, formación y conquista del yo. La persona puede ser descrita según sus tres dimensiones: vocación, encarnación y comunión. De ahí que en su manifiesto personalista declare que, aunque no puede darse una definición rigurosa de la persona, es posible definirla como un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia e independencia de su ser; y mantiene esta subsistencia por su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una conversión constante: unifica así toda su actividad en la libertad y desarrolla por añadidura a golpe de actos creadores la singularidad de su vocación. Entre sus obras más representativas están: tratado del carácter y ¿Qué es el personalismo? 

NOTA: AMPLIAR CONCEPTOS CLAVES

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