GRADO 11 - SEGUNDO PERÍODO EXPOSICIÓN 6
HISTORICISMO Y VITALISMO.
Son dos corrientes filosóficas que surgieron enraizadas en los acontecimientos del siglo XIX y la filosofía de Nietzsche, como reacción al racionalismo hegeliano y al positivismo. En sentido amplio, historicismo hace referencia a aquella corriente que consideró que la historia tenía vida propia y que en consecuencia se desarrollaba siguiendo unas leyes internas y unos objetivos determinados. Sin embargo, en filosofía se trató más de un movimiento que desatendió totalmente la ciencia natural y estudió al ser humano y su historia cultural, al hombre en su marco histórico.
Se
denomina vitalismo a la corriente filosófica que atiende a la llamada idea
de la vida o filosofía de la vida, aunque algunos estiman que se
trata, más adecuadamente, no de la filosofía en sí, sino de una manera de
reflexión o reflexiones sobre la vida. El planteamiento esencial de esta
corriente vitalista y, por ende, irracionalista, por contraposición con el empirismo
y el neo empirismo, no es, el conocimiento científico de la materia, sino la
explicación de la realidad entera que constituye el fenómeno al que se denomina
vida. Sus representantes se alejan por igual del materialismo y del kantismo, o
sea del materialismo y del idealismo, para abordar seis aspectos esenciales que
vienen a caracterizarlos:
- Uno, su actualismo: para ellos no existe más que el movimiento, el devenir y hasta el ser y la materia, pero siempre en movimiento. “Encierra más el devenir que el ser”, decía Bergson. Y esa es su motivación principal.
-
Dos, Su organicismo: la realidad se muestra en forma orgánica, es decir,
que la biología es más decisiva que la física, aunque para algunos, como
Dilthey, también la historia tiene importancia.
- Tres, su irracionalismo: el interés por la biología les hace en alguna medida empiristas, pero sobre todo irracionalistas. Los conceptos, los apriorismos y las derivaciones lógicas no tienen cabida. Los métodos a emplear por la filosofía, según ellos, son la intuición, la práctica, la comprensión histórica, pero no los métodos racionales.
- Cuatro, Su objetivismo: aceptan la existencia de una realidad objetiva que trasciende al sujeto, por contraposición con cualquier clase de subjetivismo, de tal forma que rechaza el idealismo trascendental kantiano o absolutismo conceptual.
- Quinto, su pluralismo: son proclives a las teorías evolucionistas por contraposición con los monismos materialistas e idealistas.
- sexto, su personalismo: La mayor parte de ellos son afectos a la consideración de la persona como punto de partida del filosofar. Los dos representantes más importantes son:
1 W. DILTHEY (1833-1911)
Dilthey se autodenominó el filósofo de la vida, una vida vista desde la perspectiva humana y de la historia de la cultura. Su objetivo fue realizar una crítica de la razón histórica que complementara la kantiana y proporcionar a las ciencias del espíritu (como él denominó las ciencias sobre el hombre), una base, pero al margen de las nociones biológicas; por lo que intentó comprender al ser humano psicológica e históricamente. Propuso una psicología que conociera el alma del individuo, basada en la reconstrucción de la biografía e historia del mismo, lo cual no se podía comprender desde el estudio de las ciencias físicas o naturales. La filosofía debía entender, según los historicistas, la experiencia vivida por el individuo y a dónde le había conducido, pues el ser humano se va formando con los acontecimientos históricos y vitales que experimenta, lo que demuestra que cada etapa tiene sus propios valores y criterios de verdad. Su obra más representativa es: La introducción a las ciencias del espíritu
2 H. BERGSON (1859-1941)
Nació en Paris. Dio clases de filosofía en diversos colegios y universidades, entre los que sobresale el College de France. La idea central de su filosofía fue la del pensamiento vivo, tal y como se presentaba a la conciencia, que él denominó duración real. El tiempo vivo, era algo continuo que atravesaba generaciones y las sustentaba. La inteligencia no podía aprehender esta movilidad inherente que poseía, pues el pensamiento tendía a esquematizar y detener para lograr entender. Sólo la intuición era capaz de proporcionar una idea de la duración real, de la vida, de captar su movilidad antes de que la lógica la detuviera catalogada en conceptos. La duración real conservaba los momentos anteriores transcurridos que seguían siendo en el presente e influían en lo que estaba por suceder. Según Bergson, la inteligencia es la atención que el espíritu aplica a la materia, la intuición, la atención que el espíritu se presta a sí mismo.
Entre sus obras sobresalen: Materia y
memoria (1896), La risa (1900), La energía espiritual (1919),
El pensamiento y lo moviente (1934), entre otras.
FENOMENOLOGÍA
Las controversias relativas a la existencia del mundo material por oposición al mundo interior de la vida psíquica, llevan a una actitud fenomenológica, es decir, al estudio descriptivo de los fenómenos tal y como son dados a la experiencia inmediata. Entre los representantes más importantes están:
1 E. HUSSERL (1859-1938)
Nació
en Prossnitz (Moravia). Estudió matemática y asistió a las clases de Brentano
en la Universidad de Viena, entre 1884 y 1886. Estas lecciones influyeron mucho
en el pensamiento de Husserl y en la idea general de la filosofía. Fue nombrado
profesor titular en la Universidad de Friburgo, donde enseñó hasta su
jubilación en 1928.
El pensamiento de Husserl, según Eugen Fink, su discípulo más cercano, atraviesa por tres periodos: el de Halle, que culmina en las investigaciones lógicas; el de Gotinga, que termina en Las ideas y el de Friburgo, que se cierra con La lógica formal y trascendental. Otro discípulo, Herbert Spiegelberg, propuso dividir o articular el pensamiento de Husserl en otros tres períodos: el prefenomenológico, que va hasta 1901 y corresponde a las ideas del primer volumen de las investigaciones; el fenomenológico, hasta 1906, cuyas ideas, básicamente epistemológicas, corresponden al segundo volumen de las investigaciones; y el período de la fenomenología pura, que se organiza hacia 1906 y conduce a la formulación del idealismo fenomenológico.
El primer período se caracterizó por la tendencia de Husserl a seguir el pensamiento de Bretano, en el sentido de despojar el conocimiento matemático de todo psicologismo. Además, Bretano impresionó a Husserl con la concepción de la filosofía como una ciencia rigurosa, alejada de toda especulación y atenta a conceptos básicos. Si bien es cierto que al comienzo Husserl trató los conceptos matemáticos en forma psicológica, muy pronto orientó su pensamiento hacía un objetivismo, que caracterizó su forma de pensar y que no abandonaría nunca. Aunque ciertos filósofos contemporáneos consideran el pensamiento de Husserl como especulativo, para el propio Husserl esto no es cierto, pues consideraba que pensar filosóficamente equivalía a describir pulcramente lo que veía. Su aspiración, desde el comienzo de su filosofía, consistió en ver, y ver significaba ver radicalmente Para lograr esto, Husserl fue analizando varios conceptos fundamentales, tanto lógicos como gnoseológicos, para depurarlos no sólo de psicologismo y subjetivismo, sino también de todos los posibles supuestos naturalistas. Aspiró a liberar a la filosofía de toda idea de confusión con una ciencia natural, y a la vez liberarla de toda tentación de reducción a la psicología o alguna forma de psicología. Según él, la filosofía no tiene por qué ocuparse de los fenómenos que tratan las ciencias naturales, ni de los fenómenos psíquicos en cuanto reales, sino que debe ocuparse de las esencias en cuanta unidad real de significación.
El paso de la lógica pura a una fenomenología descriptiva y luego a una fenomenología pura, fue facilitado por la noción de conciencia como vivencia intencional. La fenomenología no se ocupa de hechos; pues todas las proposiciones relativas al mundo actual, todas las proposiciones de las ciencias, quedan suspendidas entre paréntesis, pues no sirven todavía para aprehender lo dado tal como se da puramente a la intuición esencial, sino únicamente para preparar el proceso de reducción indispensable con el fin de alcanzar la intuición esencial. Esta intuición no es empírica ni de algo real, es una intuición pura de las esencias, es decir, de lo dado desde el punto de vista esencial y no fáctico. Por tanto, la fenomenología es un método que permite ver no otra realidad, sino una especie de otredad de todas las realidades. Así considerada, la fenomenología es una posición estrictamente particular de la actitud natural. Es el punto de vista por medio del cual se ve todo lo que revela la actitud natural, en tanto que suspendido o puesto entre paréntesis. Pero ello significa que la fenomenología no es una ciencia junto a otra, ni siquiera una ciencia básica, es el fundamento de toda ciencia y de todo saber.
2 M. SCHELER (1874-1928)
Nació en Munich. Estudió en la universidad de Jena. Interesado en la fenomenología husserliana volvió a Munich, de allí pasó a Gotinga y, después de la guerra, en 1919, pasó a Colonia, donde fue profesor titular hasta su traslado a Frankfurt, el año de su muerte.
Considerado como uno de los más notables discípulos de Husserl, el pensamiento de Scheler a pasado por diversas fases, incluyendo la católica y personalista; pero en todas las fases adoptó y transformó el método fenomenológico. Abierto a muchas corrientes y alerta a los trabajos científicos (en especial los biológicos) y de todas las ciencias sociales, Scheler trató muchos temas, pero se destacó en sus trabajos sobre teoría de los valores, sociología del saber, filosofía de la religión y de la cultura y antropología filosófica. El pensamiento de Scheler, de carácter polémico en gran parte, no se limita a una descripción de las ciencias puras tal como son dadas a la intuición esencial, sino que se aplica a la solución de los problemas que surgen a cada paso en el análisis fenomenológico. Las contribuciones más importante de este pensador estuvieron en su teoría de los valores, en la filosofía de los sentimientos basada en una fenomenología general de los afectos, en la teoría del espíritu incluida de lleno en la antropología filosófica, en la sociología del saber cómo parte integrante de una sociología de la cultura y, por último, en la filosofía religiosa, enlazada con una metafísica, en la cual es solucionado el problema de lo real por medio de un realismo volitivo, ya propuesto por Dilthey.
Su teoría de los valores es un ejemplo característico de esta fecundidad de la fenomenología. Scheler distinguió su fenomenología de la de Husserl, al manifestar que mientras esta última se funda en contenidos sensoriales, la suya se encuentra situada más allá de tales contenidos, los cuales se propone fundar. De acuerdo con Scheler existen contenidos intencionales que, aunque no susceptibles de referencia a un acto significativo, no son por ello menos evidentes, o sea, no dejan de ser objeto de una intuición esencial. Estas esencias, llamadas por Scheler valores, se ofrecen a la descripción fenomenológica con el mismo título de legitimidad que las esencias husserlianas y son, a su vez, intemporales y absolutamente válidas. La teoría scheleriana de los valores no desemboca en una ética material de los bienes, en un empirismo semejante al de la filosofía inglesa del sentimiento moral. Él designa su punto de vista axiológico y ético como un apriorismo moral material. Ello significa, en primer lugar, que los valores son, en cuanto esencias puras, elementos a priori y también elementos materiales. Los resultados de esta síntesis de lo material con lo a priori en el campo emocional conducen a Scheler a un sistema de valores articulado jerárquicamente, en cuyo seno lo moral consiste justamente en la realización de un valor positivo sin sacrificio de los valores superiores, que son la culminación de los valores religiosos. En esta vinculación de lo moral con la realización del valor positivo radica la superación del relativismo de toda ética material y, al mismo tiempo, la confirmación de la esencia a priori de los valores.
NOTA: AMPLIAR
CONCEPTOS
No hay comentarios:
Publicar un comentario